Caída Común: 1° Encuentro de performance Interdicta

El reto de la crisis, aperturas posibles desde las alturas andinas en La Paz – Bolivia, 2018.

Nos reunimos trayendo una afirmación coexistente: “Nos lanzamos a la caída”, cada uno con lo que trae porque también asumimos que somos la caída en sí y que todo hoy cae en diferentes tiempos y con diferentes efectos de sentido. Pues si somos la caída y caemos, ocurre una amplificación del efecto en nosotros y en el entorno, que muchas veces no alcanzamos a dimensionar. Una caída común es reunirnos otra vez para priorizar la amenaza de nuestra desaparición cayendo, es por lo tanto un caer consciente del reto y de lo abismal de esta dimensión.

La urgencia de lo común se establece desde el contraste con lo que no es común, ahí radica el cuidar juntos que caeremos en algún punto u horizonte y por sobre todo saber juntos que caemos, para no seguir cayendo en cualquier lugar. Focalizamos nuestras modalidad de existencia, reflexionando y agudizando nuestro aprendizaje como activadores de un modo de aparecer en el sistema.

Nuestros significantes excavan mientras todo cae, se anudan entre sí, focalizan, se dilatan y contraen. Decidimos la altura como un mirador donde nos reunimos como caídos para seguir extendiendo todos estos procesos. La altura está definida en su abertura, donde se decide qué hacer con la derrota y con el futuro, desde un presente contextual.

Hablamos de crisis por que entendemos el abuso en que nos hemos convertido, una triada donde el abuso es abusador y abusado alternadamente. Un contexto en colapso que niega la caída perfecta de todo.

“Descuartizada la caída la volvemos a reunir para hacerla visible como una llama o un acceso, nunca como una llave”.

Diferenciamos la complejidad de la realidad y nuestra experiencia en esta complejidad, nos impulsamos y elegimos una posición dentro de un mirador de altura que es visión y caída en la ciudad de La Paz - Bolivia. Escenario político que a lo largo de su historia se ha caracterizado por ser un epicentro de rebeldías y disidencias a pesar de los grandes avances estructurales que se han logrado con su nueva constitución política de carácter plurinacional.

Asumir “la caída común” en la ciudad del sur, es buscar sus puntos de acceso a todas las ciudades, es afirmar que los modelos de progreso y desarrollo fracasaron porque ya no se adecuan a las demandas de las diversas formas de existencia que se mantienen en tensión frente al sistema “Hegemónico-capitalista”, el cual es un atentado intempestivamente directo. En este sentido, es una urgencia cuestionarnos y poner en evidencia la crisis que estamos enfrentando no sólo como “humanidad” sino ser capaces de ver los efectos del antropocentrismo en “nuestra Casa Grande, en nuestra Pachamama, en esta unidad mayor de existencia” y todo lo que esta cosmovisión nos puede entregar. El efecto en nuestras pasiones y afectividad en la caída es el resultado de toda la “sobre- explotación de siglos que nos dejó la colonización” pero específicamente el modo de operar del mirar moderno, que en la actualidad equivale a los modelos de desarrollo extractivistas ejercidos desde el poder estatal y desde sus múltiples convenios internacionales como el ALCA, Mercosur o la Integración Regional para Sur América – IRSA, con sus trenzados discursos de “progreso y desarrollo”.

La altura es la caída, por lo menos como potencia y el interdicto es el efecto; interviene y tiene el control pero también es instrumento de una cadena de otros efectos de poder. Amplificará entonces como figura convocada “las alturas del sur” no solo el impacto de la colonización introyectada, sino también sus mecanismos recolonizantes. El sur como sistema simbólico contiene tanto el antídoto como el veneno, es una memoria torcida de un pasado que no se conoce bien y que como herida abierta es la potencia libre que nos queda. “un risco, una entrada en la tierra donde se puede caer y subir.” Abriremos el acceso otra vez y adquiriremos una posición o no habrá común para nosotros y con esto no nos referimos en lo absoluto a lo que se entiende como “sentido común”.

El derrumbe salvaje no cicatriza

¿Hacia donde caemos?

Somos un atractivo constante, una capilaridad que planta una postura para denunciar el poder revestido de constante intromisión. CAIDA COMÚN es una acreditación de que podemos encontrar la velocidad dentro de lo que hacemos para decidir juntos qué y cómo seguir haciendo performance. Entendemos esta abertura como una zona que hará que nuestra caída deje de ser una fatalidad lineal que termine reaccionando como un cuerpo disminuido en su mínima exponencialidad.

Estructurados por un deseo común o múltiple acrecentamos el choque, el impacto en tanto definiremos en qué superficie ética, discursiva e imaginaría caeremos.

Nuestra posición es inevitable e imprescindible.

Tomar partida como Máquinas políticas para un altura

Te invitamos a resolver o develar el malestar, a reparar la falla o disponer la misma para que repare la huella que es anterior a la presencia. En caída Común la performance es nuestra unidad mínima y máxima de información, una artesanía; un significante maestro recuperado. Un punto de referencia que identifica la desorientación como un modo comunal para reorientarse.- ¿Cómo volver a vernos después de la caída?

Al proponer la crisis como “un reto” nos sumergimos en las metáforas históricas que nos construyen. Una oportunidad de creación que opera restituyendo, activando una cirugía amplia, que aprovecha la clave de nuestros instintos de rebeldía social a través de la performance.